Yelmogris, la ciudad más grande al sur de La Marca del Norte, se erige como una colosal encrucijada entre las tierras agrestes del norte y la opulencia del Ducado de Loegria al sur. Es un lugar donde los extremos chocan, no solo en el paisaje sino también en las culturas y las tensiones políticas. La ciudad, se encuentra al pie de una cordillera escarpada y peligrosa. Estas montañas forman una barrera natural entre las tierras inhóspitas de la Marca y los fértiles valles de Loegria.
El río Ducal, que serpentea desde las cimas nevadas hasta el Mar Agreste, es la arteria vital de la ciudad. Sus aguas, turbias y rápidas, fluyen con una violencia que refleja el carácter de la región. A pesar de su peligro, el río Ducal es también la fuente de prosperidad de Yelmogris, ya que los barcos mercantes que lo surcan traen consigo tesoros y recursos de regiones distantes.
El Mar Agreste, un océano oscuro y hostil al suroeste, se mezcla con las corrientes del río Ducal, y sus costas escarpadas están plagadas de acantilados y calas que solo los marineros más valientes se atreven a navegar. Yelmogris es el último bastión de civilización entre la Marca y el ducado de Loegria, y como tal, su atmósfera siempre está cargada de incertidumbre, como si la ciudad misma estuviera en constante tensión entre la ruina y la grandeza.
Yelmogris tiene una historia tan oscura y enrevesada como sus callejuelas. Según las crónicas antiguas, la ciudad fue fundada por una tribu nómada que había huido de las tierras del sur tras una guerra perdida. El primer asentamiento, una fortaleza rudimentaria en la desembocadura del río Ducal sobra las ruinas de una antigua necrópolis enana, era un refugio temporal que con el tiempo se convirtió en una ciudad fortificada. A lo largo de los siglos, Yelmogris se expandió, absorbiendo olas de refugiados, mercenarios, mercaderes y aventureros que huían de las constantes guerras en las tierras de Loegria y de la Marca.
Con el tiempo, Yelmogris dejó de ser simplemente una ciudad de paso y se convirtió en un centro de poder por derecho propio. La riqueza fluyó desde sus muelles hacia sus mercados, y su ubicación estratégica la hizo indispensable para los comerciantes que deseaban transportar bienes entre el Ducado de Loegria y los territorios indómitos al norte. Pero su verdadero ascenso llegó con la llegada de los Magos del Circulo del Hierro, una orden de hechiceros que decidió establecer su sede en la ciudad, atrayendo a buscadores de conocimiento arcano, estudiantes y aventureros de todas partes del continente.
Yelmogris es gobernada por un Consejo de los Cuatro Ancianos, compuesto por representantes de las principales facciones de poder de la ciudad: los comerciantes, los mercenarios, los magos y la nobleza. Este consejo es más un pacto incómodo que una verdadera estructura de gobierno, y está plagado de intrigas. Las tensiones entre los miembros son constantes, pues cada uno busca dominar la ciudad para sus propios fines. Aunque la ciudad se beneficia de una apariencia de estabilidad, los hilos del poder están siempre tirantes, y un pequeño error podría desatar el caos.
• Los Mercaderes de Yelmogris: Son los dueños de los puertos, los que controlan las rutas comerciales y se encargan de que el flujo de oro, especias, metales preciosos y armas no se detenga. Gracias a su control sobre el comercio con Loegria y otras regiones, estos mercaderes ejercen una influencia considerable en el consejo, comprando y vendiendo favores con la misma facilidad con la que comercian bienes.
• Los Mercenarios de la Lanza Roja: Esta poderosa hermandad militar es, en muchos sentidos, el verdadero puño de la ciudad. Actúan como soldados de alquiler, protegiendo caravanas, sirviendo de guardias y, en tiempos de necesidad, tomando las armas para defender la ciudad. También son una presencia constante en las calles, regulando el orden (o más bien, asegurando su propio dominio).
• El Círculo del Hierro: Los magos que residen en Yelmogris controlan gran parte del conocimiento arcano de la región. La Torre de Hierro, su sede, se levanta sobre una colina en el centro de la ciudad, observando todo. La magia de estos hechiceros impregna el aire, y su influencia en el consejo es sutil pero significativa. No buscan gobernar abiertamente, pero su habilidad para manipular el destino de la ciudad es innegable.
• La Nobleza de Yelmogris: Aunque antaño poderosa, la nobleza de la ciudad ha visto su influencia erosionada con el tiempo. Sin embargo, aún mantienen vastas fortunas y tierras en los alrededores de la ciudad, y su posición en el consejo les permite mantener cierta relevancia política. Muchas veces, actúan como intermediarios entre los intereses de Loegria y las facciones de poder dentro de la ciudad.
En Yelmogris, la vida está teñida de una constante mezcla de fatalismo y ambición. La población, diversa y multirracial, incluye desde enanos herreros que forjan armas mágicas, hasta los humanos venidos del sur y aventureros de las tierras más allá del norte. Es una ciudad que nunca duerme del todo. Los mercados en las plazas principales funcionan desde el amanecer hasta el crepúsculo, y las tabernas y casas de juego se llenan por la noche de mercenarios, contrabandistas y nobles venidos a menos.
En Yelmogris, todo tiene un precio, y es un lugar donde la magia y el acero están siempre en tensión. Los mercaderes venden artefactos encantados, armas con conjuros oscuros, y amuletos de protección, mientras que los mercenarios y los soldados compran estos objetos con la esperanza de sobrevivir un día más en la ciudad que devora a los débiles.
Los bailes de máscaras y las fiestas son una parte esencial de la vida social entre la nobleza y los comerciantes más ricos, aunque debajo de la ostentación siempre hay un aire de peligro. En estas reuniones, se sellan pactos secretos, y las alianzas se forjan o se rompen en una danza de poder y traición.
Yelmogris, por su parte, sabe que depender demasiado de Loegria puede ser su perdición. Aunque comercia con el Ducado, también mantiene sus propias alianzas con los territorios del norte, aunque estos sean inestables. Los rumores de un posible conflicto entre Loegria y Yelmogris han circulado durante años, pero hasta ahora, la interdependencia entre ambos ha evitado que estalle la guerra.
Sin embargo, esa misma magia ha convertido a la ciudad en un imán para lo oscuro y lo prohibido. Se dice que bajo las calles de Yelmogris, en la vieja necrópolis, yacen antiguas fuerzas que los magos no han podido dominar completamente. Los rumores de ritos oscuros y de criaturas que acechan en las catacumbas son comunes entre los habitantes.
En Yelmogris, nada es seguro, y todo tiene un precio.
Un abrazo de oso y una pinta para todo aquel que se deje caer por este baldío.






