Escucha con atención, viajero, pues lo que voy a contarte no se encuentra en las crónicas pulcras de las bibliotecas de las ciudades costeras, sino en los susurros de los taberneros que han visto demasiado. Nidya es una tierra donde el sol no es un aliado, sino un tirano que calcina la razón. Allí, tras murallas de mármol blanco tan vastas que parecen cordilleras talladas por manos humanas, los reyes de Nidya se entregan a una decadencia que roza lo divino. Viven en palacios de cúpulas doradas, perdiéndose en jardines colgantes donde el agua fluye perpetuamente mientras fuera el mundo se muere de sed. Para estos señores, el tiempo es un charco de agua estancada; se visten con sedas que cambian de color según el humor del portador y beben licores destilados de flores que solo crecen en la oscuridad de los sótanos reales, ignorando deliberadamente que sus tronos se tambalean sobre los huesos de imperios que fueron mucho más grandes que el suyo.
Más allá de la sombra de esos muros, donde el viento del
desierto aúlla como un animal herido, la realidad es mucho más cruel y antigua.
Allí caminan los profetas de las arenas, figuras esqueléticas envueltas en
harapos que guardan los secretos de los rituales de sangre. Estos místicos no
buscan el favor de los dioses conocidos, sino que arrancan el poder de la misma
tierra baldía, realizando sacrificios que harían estremecer al caballero más
templado. Con el fluir de la vida sobre las dunas, invocan a los antiguos
moradores de los zigurats sepultados, levantando de sus sarcófagos de obsidiana
a guerreros que no han respirado en milenios pero que aún conservan el hambre
de conquista en sus cuencas vacías. Es una guerra silenciosa entre el lujo
estático de las ciudades y la marea de muerte que asciende desde las entrañas
del desierto, donde los restos de civilizaciones olvidadas se agitan bajo los
pies de los incautos.
Esta peligrosa dicotomía es la que atrae a los hombres de armas de tierras remotas, tipos duros forjados en el acero y la escarcha. Desde los bosques sombríos de
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